Stefan Zweig convierte la vida de Friedrich Nietzsche en un apasionante relato, en la odisea de un espíritu acosado por formidables demonios. Nietzsche aparece aquí como un «don Juan del conocimiento» que se aproxima con galantería —y sentido trágico— a las verdades que ejercen de soporte del consenso moral de occidente, para detectar sus debilidades y forzar después su caída.
Más que una biografía, Zweig ofrece una narración literaria y vibrante: la de un hombre que eligió vivir peligrosamente, un mártir de la sinceridad absoluta, que sacrificó amistades, salud y cordura en su empeño de no traicionarse jamás.
Stefan Zweig es un biógrafo peculiar. Escoge personajes poco probables, figuras extremas, movidas por obsesiones y lacerantes contradicciones internas. Personajes que, como Fouché o Magallanes, se encuentran envueltos en momentos cruciales, cuyas decisiones desencadenan, de una forma u otra, consecuencias imprevisibles con repercusiones enormes. También la de otros, como von Kleist o Nietzsche, en cuya hondura, soledad y melancolía parece que retrata Zweig la suya propia.
En el caso de Nietzsche, el retrato de los tormentos del genio, el sentido moral con el que mira a la verdad, captan parte del drama interno del autor y del que este percibe en el destino de la Europa de posguerra que tiene ante sí.

